miércoles, 23 de diciembre de 2015

Relatos del Archipiélago de las Islas Eulalias


   Capítulo I

   El archipiélago de las Islas Eulalias se encontraba en el Mar del Decoro, al occidente de la masa continental denominada Crudilandia. Constaba de dos islas: la mayor, Eulalia, habitada por nativos hablantes de una lengua bellísima y purísima, que se esforzaban en hablarla con primor; y la menor, Isla Eufemia, habitada por nativos que eran educados en la tradición de hablar siempre bien de todo el mundo, cultivando su buena fama, sin dejarse llevar por rumores, habladurías, ni cotilleos.
   Desde las Islas Eulalias se emitían por ondas de radio bellos programas literarios y de juegos de palabras. No parece que interesaran a los habitantes del continente, pero sí eran seguidos con delectación por oyentes de otros archipiélagos cercanos, el de las Islas Frónimas y el de las Islas Asclepíadas.

   Aquel año, dos estudiantes en prácticas en una emisora de Isla Eulalia iban a hacer un pequeño periplo por los otros archipiélagos, para encontrarse con el público, que deseaba verles declamar y recitar en directo los poemas y los cuentos más famosos de su tierra.
   Una de las estudiantes se llamaba Hemolele, con una voz dulce y de sonoridad cristalina. La otra, originaria de Isla Eufemia, se llamaba 'Olu'olu, chiquitilla y vivaracha, capaz de encandilar con su simpatía y con su original talento para volver interesante cualquier historia que comenzara a relatar.
   Ese viaje iba a ser algo importante en sus vidas: por primera vez se alejarían de sus familias. Las dos muchachas anhelaban con emoción que llegara el momento de partir en barco, rumbo a nuevos paisajes y nuevas gentes. Sus padres, por el contrario, estaban muy preocupados porque ese barco hacía una primera escala en el continente, antes de dirigirse hacia los archipiélagos del norte. Les recomendaban una y otra vez que no salieran de sus camarotes mientras el barco estuviera detenido en Crudilandia, que no se asomaran al puerto, que evitaran la ocasión de oír el lenguaje de sus habitantes.
   - No puede ser tan terrible...- dijo 'Olu'olu la última tarde antes de partir, dirigiendo la mirada hacia las montañas del continente en lontananza, que se elevaban en la linde del mar.
   - Sí que lo es, ¿no recuerdas?- respondió Hemolele, y frunció el gesto al evocar el recuerdo-. Nos lo contó Kilakila, cuando regresó del periplo. ¡Llegó a bajar del barco y a hablar con los crudeños!
   - A lo mejor el chico se ha inventado la mitad, a mí me pareció un poco inverosímil lo que contó.
   - Cuesta creerlo, sí, precisamente por su crudeza. Pero esa gente es así, por mucho que no nos lo podamos ni imaginar, parece que ven el mundo del revés. ¿No recuerdas? Para decir que algo era genial o fantástico, decían aquello tan horroroso de las madres vejadas de manera infame según antiguas costumbres de tratas de esclavos.
   - Aaaay, que no lo quiero ni pensar- 'Olu'olu se resistía con todo su ser a pensar mal de nadie.
   - Han tenido otra historia, allá en el continente, de alguna manera han llegado a dar valor a las cosas al contrario que nosotros. O quizás lo dicen así para decir algo muy, muy impactante. Sólo son capaces de transmitir la fuerza del impacto, pero no la belleza. ¿Habrán olvidado las palabras alegres y amables, y con las palabras, los conceptos?
   - Hemolele, oye, ¿no te has preguntado alguna vez si no habrá alguien en el continente que escuche nuestra emisora?
   - Ah, imagínate... ¿entendería nuestro lenguaje?
   - No, o incluso algo más importante: ¿acaso podrán escucharnos, o lo tendrán prohibido? ¿Habrá alguien escuchando recitar a los eulalios arriesgándose a un castigo?
   Hemolele se llevó las manos a la boca, mirando a su amiga. 'Olu'olu siempre poniendo emoción en todo lo que cuenta... El caso es que si estuviera en lo cierto... Si allá al otro lado del mar hubiera alguien encerrado entre crudeños, dedicándose a seguir nuestro programa a escondidas...

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